Lado B

Librería Bohío Andaluz

“Bohío” (De origen taíno): m. Cabaña de América, hecha de madera y ramas, cañas o pajas y sin más respiradero que la puerta.

“Andaluz, za”: 1. adj. Natural de Andalucía, comunidad autónoma de España. 2. adj. Perteneciente o relativo a Andalucía o a los andaluces. 3. adj. Perteneciente o relativo al andaluz (‖ variedad). 4. m. Variedad del español que se habla en Andalucía.

La Casa del Árbol (Fitz Roy 2483) abrió en 2012 y dos años después incorporó a su espacio la librería Bohío Andaluz. “Nos dimos cuenta de que teníamos este espacio, que estaba cerrado y daba a la calle, y dijimos ‘¿por qué no nos ponemos una librería?’. En el centro cultural se manifestaban todas las artes: había música, había pintura, había teatro, había plástica, hasta había gastronomía. Y no había literatura”, cuenta Roberto “Beto” Pérez Vega. “No podíamos encontrar un nombre. Éramos tres y de repente uno se abrió, dijo ‘yo no quiero discutir más esto’. Dijimos ‘bueno, cada uno elige un nombre y lo mezclamos’. Y salió bohío andaluz”. Sin saber nada de la industria librera, arrancaron contactando pequeñas editoriales locales y se pusieron a trabajar. La primera gran editorial que les confió sus libros en consignación fue El cuenco de plata y a partir de ahí fueron apareciendo más editoriales y distribuidoras.

Como el espacio de la librería es reducido, lo cual le da cierta mística, se ven obligados a “tener un criterio muy selectivo en cuanto a qué libros vamos a traer, porque no nos entran todos”, explica Beto. Por eso mismo, el orden se vuelve fundamental: en las estanterías, los libros están distribuidos por editorial. “Al principio los pusimos así por un tema de necesidad, porque no le habíamos encontrado un criterio y teníamos que ordenar. Y después varias editoriales y varias personas dijeron que era una apuesta interesante. Estéticamente, queda lindo, y además permite ver la línea que trabaja la editorial”, cuenta Beto. A diferencia de otras librerías, en el Bohío no hay orden alfabético: “Al perder el criterio de temática y tener por editorial, ya no creo que alguien venga acá y busque por alfabeto. Lo bueno es que la gente mira más, tiene que ponerle un poquito más de empeño. Y el lector le pone ese empeño. Por ahí, a alguno lo perdés porque dice ‘qué fiaca leer todo esto’, aunque siempre puede preguntar”, aclara.

“Cuando abrimos la librería, muchos amigos del Árbol dijeron ‘uy, tengo un montón de libros para darles, para que los vendan’. Y nos cayeron baúles y bolsas y bolsones de libros usados. Ahora nos manejamos con trueque o nota de crédito: vos traés 10 libros usados y nosotros te damos $500 para elegir lo que quieras, por ejemplo”. Muchos de estos libros usados se encuentran afuera, en una mesa y una batea que inauguraron este año. Lo primero que cambió a partir de esta decisión, destaca Beto, fue el caudal de gente que entra. “Es como se dice en teatro ‘romper la cuarta pared’: el contacto con el libro hace que la gente inmediatamente se sienta invitada y entre. Ganar la vereda, que la gente pueda tocar el libro, la corporalidad, lo corpóreo del libro, hacen que la gente entre muchísimo más”. Pero, ¿y si se los llevan? “Tuvimos un par de robos, por eso tenemos el criterio de solo poner usados afuera, porque son libros que generalmente no nos cuestan plata si se los llevan. Pero en el fondo, si alguien se roba uno o dos libros y los lee, más que un robo es un préstamo a devolución”, afirma Beto.

El Bohío abre todos los días y tiene unos horarios muy particulares: “La librería funciona también como la puerta de entrada al Árbol. Acá se cobra entrada para los espectáculos y se recibe a la gente, hasta las 12 de la noche. Queríamos ser una de las principales librerías de Buenos Aires que esté abierta de noche. De hecho, la idea original era estar abiertos hasta las 2 o 3 de la mañana, cosa que es complicada. No por un tema de seguridad, que es algo que mucha gente piensa, sino por un tema de recursos humanos. No es fácil tener a alguien acá hasta las 3 de la mañana todos los días. Pero estamos pensando en hacerlo cada vez más, hasta la 1 o 2”. Beto explica que a la gente que vuelve del trabajo, o que salió a comprar algo tarde al chino (que está ubicado enfrente), ver la luz prendida y la librería abierta la sorprende y le gusta mucho. “Los lectores, para mí, son bichos nocturnos generalmente”. Excepto los fines de semana, que hay mucha gente de día que pasa caminando y paseando, la mayoría de las ventas las hacen a la tarde-noche. Además, planean tener una semana al año que será “la semana del Bohío”, en la que la librería estará abierta de lunes a lunes, durante 192 horas seguidas. También realizan eventos junto con la Casa del Árbol: “Hacemos muchas presentaciones de libros en conjunto, tenemos un ciclo de poesía. Y todo lo que tiene que ver con lo literario está de alguna manera sponsoreado o llevado adelante por el Bohío, pero usamos las instalaciones del Árbol. Igual, somos los mismos, no hay una distinción tan clara entre unos y otros. Pero sí somos dos figuras distintas. De hecho, la cocina está separada de lo que es la barra, los talleres están separados, la radio va a estar separada de eso. Todo tiene que tener su unidad para poder ordenarse”.

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La librería no solo está muy bien ordenada, sino que además tiene una dedicada decoración. Al entrar se ve una máquina de escribir, distintas mesas con libros, y un entramado de hilos con unos papeles colgando con frases literarias. “Eso fue la iniciativa de una de las chicas que colabora acá, que está en un taller que se llama La Ciepa. La Ciepa es la Compañía Itinerante de Educación Por el Arte, hacen todo tipo de intervenciones espaciales. Nos dijo ‘che, ¿puedo hacer algo acá?’ y le dijimos que sí de una. Hizo eso que tiene frases que eligió ella, puso un par relacionadas con árboles o con la noche, que es medio la temática del Bohío”. Además, tienen libros que no venden expuestos como decoración, tesoros de algunos viajes que han hecho. “Tenemos libros en ruso, hay uno en húngaro allá atrás, después tenemos un par en alemán. Nos preguntan todo el tiempo. Y cuando decís que no están a la venta, es como que se frustran”. En ruso, por ejemplo, están El idiota de Dostoievsky, Almas muertas de Gogol, y en alemán, El Golem de Meyrink, Los bandidos de Schiller, y algunas poesías de Rilke. Por fuera se ve un colorido mural que pintaron unos chicos del barrio, que forman parte de un grupo llamado Sensación Mestiza. “Le hicieron un mural a un centro cultural acá nomás, también. No cobran nada, solo los materiales, y trabajan muy bien. Nos trajeron el diseño y dijeron que querían hacerlo. Creo que tardaron dos o tres semanas. Cuando terminaron, hicimos una fiesta de inauguración, estuvo muy bueno. La idea del grupo es un poco copar Palermo con su laburo”, explica Beto.

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La idea a futuro de los miembros del Bohío es tener su propia editorial. “Ese es el desafío, nuestro objetivo final como espacio literario. Si esto fuera un jueguito, sería el máximo nivel. A lo que apuntamos es a editar a los autores que a nosotros nos gustan, desde acá. Obviamente la imprenta estaría en otro lado, pero tendríamos las oficinas acá. Y también queremos intentar vincularlo un poco con la tarde del Árbol, en la que en general no pasa nada, excepto los talleres. Y abrirlo más como un café literario: que vos vengas a comprar un libro, te vayas a tomar un café y te quedes acá”, explica Beto. El problema, al igual que con la idea de abrir hasta la madrugada, es el recurso humano: hay que pagar sueldos. “Los primeros 3 meses no te viene nadie porque no saben que está el café, entonces tenés que ir a pérdida. Y es jodido, pero como fue todo, después te vas consolidando”, aclara.

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Roberto “Beto” Pérez Vega fue uno de los fundadores de La Casa del Árbol, es estudiante de Letras en la UBA y de Artes de la Escritura en la UNA. Sobre su trabajo como librero, cuenta: “Uno se vuelve un experto leedor de primeras cinco páginas”, por lo que agradece a sus dos carreras la obligación de leer. La licenciatura en Artes de la Escritura es una carrera que comenzó este año en la UNA: “Está buenísima, hay mucha gente joven. La mayoría de los docentes que participan son escritores que están acá. Gente de Entropía, gente de Mansalva, gente de Mardulce. Y Letras, bueno… es Letras. Con todos los vicios que tiene, digamos. Mucha gente se queja de que Letras ‘te engaña’, pero si uno se toma el tiempo de leer el programa, se da cuenta de que no tiene un solo taller dentro de la carrera. ¿Cuándo vas a escribir?'”, remata Beto.

Además de su cuenta de Facebook, la librería Bohío Andaluz tiene Instagram. Para los que no pueden acercarse hasta Palermo a comprar, tienen Tienda nube y Mercado shop, y hacen envíos a través de Oca o Correo Argentino.

 

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